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Escribir desde el psicoanálisis


La escritura se sostiene, muchas veces, en la suposición de que habrá alguien que la lea.

Ese alguien no es necesariamente un lector concreto, sino la expectativa de que lo que se escribe pueda tener sentido en el lenguaje. Tal vez una búsqueda de garantías que alivie, al menos en parte, el miedo que implica enunciarse. Cuando se lee lo que se escribe, no es solo uno quien lee. Al estar inscripto en los símbolos del lenguaje, lo escrito se dirige a un lugar donde el sentido se juega, aún sin estar asegurado. Esto introduce algo más inquietante. Que lo que inhibe no es tanto la mirada de los demás, sino la dificultad de verse incompleto y de aceptar que no hay forma de cerrar definitivamente el sentido.


Por eso, el temor o la inhibición frente a la escritura dice menos sobre los otros que sobre el juicio que se proyecta en ellos. Se trata de la autocrítica que da cuenta de una posición en el campo simbólico y la expectativa de que haya un lugar que garantice el sentido y devuelva-supuestamente- cómo deben ser las cosas. La otra cara de esa misma lógica es, tal vez, el temor de desear.


Escribir desde el psicoanálisis implica escribir desde el deseo, desde lo que no se sabe, desde lo incierto, desde lo que no se es. Implica escribir desde la falta, renunciando a garantizar el sentido y aceptando que este no está asegurado.

Quizá también implique escribir algo que, en otro momento, ya no resulte convincente. Pero, sobre todo, separar certezas de realidad.

 
 
 

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